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los dados eternos texto: césar vallejo
música: moncho otero

 

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomado de tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado...
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


músicos y colaboraciones

moncho otero
: voz y guitarras acústicas
josé luis serrano: teclados
nacho serrano: teclados

poeta


césar vallejo

Santiago de Chuco (Perú) 1892-Paris 1938

De origen humilde, ejerció varios oficios y estudio Letras y Derecho en la Universidad de San Marcos de Lima. Ejerció la enseñanza luego en Trujillo y Lima. Marcado por su origen, su condición de mestizo y su militancia política en 1923 se traslada a París.

Residió en España algún tiempo y durante la Guerra Civil lucho al lado de la República.
Aunque vivió en París la ultima etapa de su vida, España siempre estuvo en su espíritu.

Sus libros mas importantes son Trilce (1922) y Poemas humanos (1939). España aparta de mi este cáliz está incluido dentro de Poemas humanos.
Sus rasgos más importantes son: búsqueda, vanguardia, lenguaje hondísimo y creación de palabras, ruptura de sintaxis dentro de un discurso de amargura y tristeza como telón de fondo.

Esta considerado como uno de los grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX. A lo largo de su obra supo crear un estilo personal que mostraba un lado claramente hispanoamericano y universal.

Se inició en el ámbito del Modernismo y del Simbolismo con el libro Los heraldos negros (1918) incluyendo, dentro de un lenguaje convencional, algunos coloquialismos.
Desarticuló la lengua castellana como jamás antes se había hecho porque aspiraba a expresar lo inexpresable y asumió una cultura, la del mestizaje, de la negritud, escribiendo con el mismo lenguaje que se veía forzado a utilizar. De ahí su búsqueda y sus hallazgos.