audio no disponible
ocaso texto: rafael morales
música: moncho otero

 

Yo estaba junto a ti. Calladamente
se abrasaba el paisaje en el ocaso
y era de fuego el corazón del mundo
sobre el silencio cálido del campo.

Un no sé qué secreto, sordo, ciego,
me colmaba de amor; yo, ensimismado,
estaba fijo en ti, no comprendiendo
el profundo misterio de tus labios.

Puse la mano en tu mejilla pura
con un temblor casi de luz, de pájaro,
y vi el paisaje convertirse en ala
y arder mi frente contra el cielo alto.

¡Ay, locura de amor!, ya todo estaba
en vuelo y en caricia transformado...
Todo era bello, venturoso, abierto...
y el aire ya tornose casi humano.


músicos y colaboraciones

moncho otero
: voz
gloria geberovich : voz
antonio toledo : guitarra española solista
nacho serrano: guitarra española, teclados, bajo eléctrico
 

poeta


rafael morales



Talavera de la Reina (Toledo) 1919

En Talavera pasa su infancia y primera juventud. Luego, ya en Madrid, se licencia en Filología Románica y ejerce como profesor en la Universidad Complutense, Facultad de Filología Española, hasta su jubilación.

Es Premio Nacional de Poesía (1954) y Premio Internacional Ciudad de Melilla (1992).

Su primer libro publicado, siendo muy joven, en 1943, causó sorpresa tanto por su temática: el toro en su entorno, es decir: en el campo fuera de la llamada fiesta nacional y, casi, con tratamiento humano. Se llamo Poemas del Toro y se inauguró con él la prestigiosa colección Adonais dirigida por José Luis Cano.

Otros libros suyos son: El corazón y la tierra (1946); Los desterrados (1947); Canción sobre el asfalto (1954); La mascara y los dientes (1962); La rueda y el viento (1971); Prado de serpientes (1982); Entre tantos adioses (1992) y Poemas de la luz y la palabra (2003).

Poeta que no rompe con las formas clásicas pero que ya antes de publicar escribía en verso blanco o libre, una poesía de rehumanizacion, lírica y llena de contenido que lleva al lector a un mundo de seres y objetos de nuestra realidad mas cotidiana, mostrando la humildad, y la soledad, como nadie.

Rafael Morales vivifica la muerte, ensalza la fealdad de las cosas y hace materia poética y da valor lírico, a través de su tratamiento a lo mas insospechado.

En su obra, la palabra como materia del poema es tema importantísimo y, en palabras de Claudio Rodríguez, es una obra “cabal y señera”.