| Vengo de olvidarte...
pero llego a casa y me tropiezo contigo,
en las cosas que me miran con tus ojos,
en las pelusas del pasillo
que me enredan leves,
con tu olvido.
Vengo de olvidarte...
y puede
que cambie de casa
y siga viniendo de olvidarte,
que cambie de cuerpo
y te siga deseando,
que cambie de vida
y te siga viviendo.
Vengo de olvidarte.
Tiro el bolso
y se cae el pintalabios,
un beso metálico en el parquet
me recuerda la ausencia de tu boca.
Con vocación de olvidarte
me muevo.
Cada minuto y centímetro
que salgo de mí misma
hago eso, insisto en ello.
Mi obstinación es olvidarte
mi trabajo es olvidarte
mi verso es olvidarte
mi insulto es olvidarte,
mi presente y mi futuro es olvidarte.
Y vengo y voy
para olvidarte.
Me duermo y me despierto
para olvidarte.
Soy lo que soy
para olvidarte.
Me voy a otras cosas
a otras casas
a otros seres
a otras páginas.
Me voy a otros versos
a otras voces
a otros canales
a otros ríos.
Me voy, me voy, me voy
continuamente.
Y cuando vuelvo…
abro la puerta
tiro el bolso
el pecho
la careta
y el tabaco…
y sé que vengo de olvidarte. |
belén reyes
Madrid 1964
Belen Reyes es una joven madrileña y según Gloria Fuertes “esto de escribir versos en Belén Reyes es de nacimiento. Ella ha nacido poeta. Hay poetas que no han nacido poetas y se les nota”.
En su primer libro publicado: Desnatada (1992) Belén Reyes se nos muestra con una poesía, en parte semejante a la de Gloria Fuertes, nada artificial, una poesía que, aunque todo principio resulte tener algo de mimetismo, juega con las palabras para decir lo que siente de modo claro y directo.
Poco a poco publica Belén Reyes mas libros: Fotodrama de mujer (1997); La carta (1999) y Ponerle un bozal al corazón (2002) y poco a poco, también, va creciendo y creando su propio mundo poético, ya sin parecidos, amando un ideal de vida que es testimonio de un inventario de lo cotidiano, lleno de dureza, de dolor, de malditismo, en un intento de vivir sin la desolación, sin la rabia, sin la desesperación, en un mundo que, a todas luces, es imperfecto.
Un intento, en fin, de ocultar bajo la mascara del hastío, del descaro, del malditismo, con una poesía de voz ya propia, la verdadera cara de la autora: un rostro poético lleno de sueños, de amor y de ternura. |